Leyenda de Ma Dolores

Villa Ma Dolores

Al Grupo KTY le ha surgido un gran reto: recrear en esculturas la leyenda de Ma Dolores.

 
Ma Dolores era una negra vieja gangá, famosa curandera, que vivía en la finca Cabarnao, a mediados del siglo XIX, en Trinidad, Provincia de Las Villas, en la zona central de Cuba. En su bajareque, ofrecía sanación a los enfermos y tenía allí su templo consagrado a un culto afrodescendiente. Con el tiempo, su fama trascendió la comarca y Ma Dolores se convirtió en la última esperanza para los enfermos desahuciados por la ciencia de aquella época. Realizaba milagrosas curaciones aplicando saliva y paños mojados, cuya efectividad se debía a las condiciones especiales del agua de un manantial habitado por un güije que acostumbraba a asustar a los enfermos, próximo al bohío, que aún se conoce con el nombre de “La Poza de Ma Dolores”.

 

Según cuenta el historiador trinitario Emilio Sánchez en su libro Tradiciones trinitarias, la vieja esclava había sido liberada por su dueño a causa de una enfermedad en estado terminal, que le provocaba continuos vómitos de sangre, con los que sin quererlo, manchaba la ropa que debía lavar. Cuando la tiraron en aquel apartado sitio, tenían la seguridad que en pocos días sería cadáver. Pero cuentan que se le apareció un ángel, bendijo el agua de la poza, y le indicó que la tomara para sanarse.

Los más viejos habitantes de aquellos parajes, aseguran que fue acusada como conspiradora, por ayudar a mambises heridos y condenada al fusilamiento. El día de su ejecución, en la sabana conocida por “Mano del Negro”, ante la muchedumbre desconsolada que esperaba el desenlace, sucedió que en el momento de dar la orden de fuego al pelotón de fusilamiento, llegó a todo galope un oficial español portando el edicto oficial, donde se le conmutaba la pena por el destierro en La Habana. No pocos aseveran que aquel oficial era el mismo ángel bendecidor de la anterior aparición. Durante mucho tiempo esta leyenda perduró en la región. Después de la desaparición física de Ma Dolores, se realizaban peregrinaciones a la Poza y actos de fe por sus devotos y seguidores, con tan profundo fervor, como si hubiese sido una santa.

 
Arcadio Tomás y Rubén Peña tienen el reto de ambientar la leyenda en los extensos jardines de la Villa de Recreo que lleva por nombre Ma Dolores, ubicada en las afueras de la ciudad de Trinidad a la orilla del Río Guaruabo, por donde otrora desembocara Hernán Cortés para buscar provisiones rumbo a México.
 
Parte de la ambientación
 

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